Irse o quedarse: la incógnita el cambio climático

Por Salomé Ramírez Vargas, para la sección A Special Look at Puerto Rico, The Resilience Journal, 2019

La migración ha sido desde el principio de los tiempos un fenómeno cuyo fin principal es mejorar, o incluso salvar la vida de quien tiene que irse de su hogar. Persecución política, crisis económica y violencia, siempre han sido los factores protagonistas de este proceso; sin embargo, hoy nos encontramos bajo una realidad diferente. La naturaleza siguió su rumbo y hoy, las masas migran por los efectos del cambio climático.

El aumento en los niveles del mar causa cada día más inundaciones; los huracanes ocurren con más frecuencia y poder; y la tierra cede cada día más a los embates de la polución. Según la Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, cerca del 39% de la población estadounidense vive directamente a la orilla del mar. Más de 124 millones de personas están en riesgo de perder su propiedad y que inevitablemente deberán abandonarla.

Como consecuencia de este fenómeno han nacido organizaciones dispuestas a hablar sobre la necesidad de refugio. El Instituto de Construcción de Consensos (CBI, por sus siglas en inglés), desarrolló la iniciativa Climigration, como una plataforma para hablar sobre la movilización de personas como efecto directo del cambio climático.

Carri Hulet es politóloga y lidera los esfuerzos del Instituto sobre Climigration. Según Hulet, para las personas que viven en esta situación el concepto de migrar por el cambio climático no es abstracto. Muchos viven en lugares peligrosos y han tenido que evacuar de sus casas por largos periodos de tiempo o han visto a sus vecinos abandonar el área.

 “El retiro ocurre ya sea como una crisis o que alguien planifica por adelantado. Lo que estamos sugiriendo es que, si va a suceder de una manera u otra, entonces tiene mucho más sentido pensar en ello, planear con anticipación y asegurarse que la gente pueda prepararse y guardar los recursos que necesitan. Por lo tanto, estamos tratando de abogar por una manera más reflexiva de considerar que estas transiciones van a suceder, en lugar de estar siempre en crisis”, dijo Hulet ante la necesidad de crear un plan de mitigación de riesgo a factores que, en Puerto Rico por ejemplo, se evidenciaron después del paso del Huracán María.

Pero, a pesar de esta anticipación, Hulet agregó que hay aspectos del cambio climático que ya no son prevenibles.

“Si paráramos mañana de usar gases con efecto invernadero, todavía veríamos temperaturas crecientes por un tiempo, todavía tendríamos tormentas radicales, todavía veríamos niveles crecientes del mar. Debido al impacto del uso de todos esos gases durante casi 30 años, ya están en el aire y no podemos hacer nada al respecto”, explicó.

Proyecto de ley

En respuesta a la necesidad de un plan de reducción de riesgos, el Senado de Puerto Rico pasó el proyecto 773 propuesto por el vicepresidente del Senado y presidente de la Comisión Especial de Energía, Larry Seilhamer. É ste establece un plan de mitigación, adaptación y resiliencia al cambio climático en Puerto Rico.

El senador afirmó que se deben establecer planes de reubicación de comunidades costeras que comenzarían con la concientización de los ciudadanos sobre su posición de alto riesgo. Además, utilizar los fondos que se reciben en desarrollo de planes de construcción en zonas que estén fuera de peligro.

Los gases de efecto invernadero son producidos por el dióxido de carbono que se emite al ambiente producido mayormente por la quema de combustibles fósiles. En Puerto Rico, explicó el Senador, se genera el 97% de la electricidad a través de combustibles fósiles. Como consecuencia, la Isla es en términos puntuales en Latinoamérica uno de los países con más emisión de gases.

Lo que busca el proyecto es establecer un marco regulatorio y una política pública energética que transforme el sistema.

“Lo que vamos a buscar en esa transformación es estimular y promover las microredes y la generación distribuida, que son paneles solares en las unidades de viviendas residenciales en Puerto Rico. Una cartera de energía renovable con unas métricas dirigidas hasta el año 2050; e iniciativas para ir independizándonos de lo que son combustibles fósiles”, especificó Seilhamer.

Para la legislatura, uno de los asuntos medulares es que para el 2028 se pueda eliminar el carbón como un combustible para generar electricidad en Puerto Rico, y reemplazarlo con gas natural. Seilhamer, resaltó que el proyecto crearía un comité de expertos y asesores que en un periodo menor de dos años va a estar presentando ante la asamblea legislativa esa política pública de resiliencia climática.

Al igual que Hulet, el Senador expresó que hay que crear conciencia sobre un mandato que no es de invertir en corregir el problema sino en poder manejar mejor las posibilidades de impacto; además advirtió que la migración es una de las consecuencias del cambio climático.

Una mirada a América Latina

Cómo este proyecto, cientos de iniciativas alrededor del mundo tratan de neutralizar el impacto del cambio climático en las ciudades.

El C40, es una organización con 13 años de existencia cuyo objetivo es tratar de luchar contra el cambio climático desde el punto de vista de grandes ciudades, entendiendo que éstas tienen un papel protagónico en el proceso. Noventa ciudades a nivel global son parte de esta organización, 12 de ellas ubicadas en América Latina.

El director Regional para Latinoamérica del C40, Manuel Olivera, explicó que el rol de la organización es apoyar a las ciudades para poner en marcha acciones climáticas que tienen que ver con reducción de gases de efecto invernadero, al igual que con adaptación frente a los riesgos del cambio climático.

Para esto tienen redes temáticas con alcaldes, funcionarios de ciudades y elementos de colaboración técnica que ponen al servicio de las ciudades. Lo que buscan es que todas sean neutrales en carbono para el año 2050.

En países como México y Colombia, ya se ha brindado apoyo técnico para estructurar proyectos claves en transportación. Es importante resaltar que el C40 no le entrega ni pide dinero a las ciudades. Tienen un grupo de trabajo que le ayuda a la ciudad a construir el plan de acción a través de talleres y moderaciones sobre las diferentes metas.

En Ciudad de México, aportaron para hacer cero emisiones en una avenida de 24 km donde la idea es cambiar el sistema de transporte por uno sin emisiones. El plan ya está estructurado y están trabajando en financiación. 

“Hay que hacer el esfuerzo, hay que trabajar aceleradamente, hay que reducir emisiones, y hay que prepararse para el proceso de cambio climático que está en curso. Si no hacemos nada ese proceso de cambio climático va a generar problemas muchísimo mas graves que los que ya está empezando a generar”, indicó Olivera.

Uno de los más grandes retos, según Olivera, es que la prioridad de los gobiernos de las ciudades es atender el día a día de los ciudadanos; sin embargo, el énfasis debería ser distinto.

“Por ejemplo, mejorar el transporte para hacerlo mas cómodo, mas rápido, más limpio y más eficiente, con tecnología de cero emisiones, ayuda a resolver el problema de hoy y contribuye a la reducción de emisiones de mañana. Pero además, es un proceso de adaptación porque son vehículos que pueden funcionar con diferentes generaciones de energía eléctrica y eso lleva a que el país empiece a generar energía eléctrica verde para alejarse de las crisis petrolera que va ocurriendo”, desglosó.

En términos de inversión para la prevención, los gobiernos de numerosas ciudades latinoamericanas tienen una práctica corriente de presupuestar para la preparación.

En ciudades colombianas es obligación tener una inversión clara en preparación para desastres que concuerda con los procesos de adaptación. Pero, según Olivera, el tamaño de las necesidades es enorme frente a las posibilidades presupuestales de los países.

“Lo que pasa es que por mas inversión que se haga, a veces es muy difícil dimensionar el efecto y los costos de una catástrofe. Es una práctica normal en ciudades latinoamericanas invertir en prevención y todas las ciudades latinoamericanas en general tienen equipos de atención de desastres”, dijo.

Creando un distrito resiliente en Puerto Rico

Desde uno de los sectores más transitados en San Juan, diferentes comunidades se han estructurado para hacer de Santurce un distrito innovador.

Organizaciones como Nuestro Barrio de la Universidad de Sagrado Corazón, buscan el desarrollo económico para artistas y miembros de la comunidad. Además, hoy se proyecta como un sector potencialmente adecuado para enfrentar los embates del cambio climático y recibir a aquellos que deben migrar por un riesgo inminente.

Pero esto trae consigo unas preparaciones. Según Olivera, para crear un distrito resiliente se debe hacer un inventario de emisiones, de comunidades vulnerables y de amenazas relacionadas con esas comunidades y con los mismos comportamientos.

El siguiente paso es modelación para ver hacia donde es prioritario moverse y con base en eso definir a qué velocidad se va a desarrollar.

Esto está relacionado con el nivel de vulnerabilidad, con las oportunidades de negocio que genera el cambio climático, y con los recursos disponibles.

“Quizás no todo puede ser prevenible, pero la experiencia muestra que el análisis que una ciudad puede hacer para volverse resiliente es la preparación. Cuando la ciudad aprende a manejar escenarios catastróficos, sabe qué debe hacer para recuperar su vitalidad de forma acelerada”, abundó Olivera.

Además, en la medida que la tierra urbana sea propiedad privada, se hace más difícil hacer un tránsito a zonas seguras.

Desde el punto de vista del vicepresidente del Senado de Puerto Rico, un oasis para la población tiene que tener carreteras, electricidad y sistemas de tratamiento de agua de alta calidad.

“Puerto Rico tiene suficiente espacio para no tener que irse a zonas montañosas. Lo que tenemos que tener es control de inundación, controles de erosión y en la medida en la que podamos establecer esa mitigación, pues podemos tener en un área más restringida de 100 por 35 áreas que cuenten con toda las infraestructura disponible para una sana convivencia”, resaltó.

Finalmente, para Hulet esta situación desembarca en una pregunta de ricos y pobres. Todas las personas querrán estar en el lugar seguro, y por supuesto, los precios de vida incrementarán. 

“Idealmente el gobierno diría vamos a evitar que estos lugares se conviertan en un refugio para los ricos, así que vamos a asegurarnos que hay vivienda para familias de bajo acceso, para las personas que pueden vivir aquí y no pueden competir en un mercado económico. Y vamos a asegurarnos que las industrias apoyen trabajos porque vamos a necesitar una economía”, concluyó.